Identidad, migración y vida entre culturas

Creo que me han preguntado “¿de dónde eres?”  tantas veces como “¿me puedes deletrear tu apellido?”. Y, aun así, nunca ha sido una pregunta fácil de responder. Para quienes vivimos con una identidad migrante o una identidad multicultural, la pertenencia no se limita a un solo país. Se construye a través de experiencias, movimientos y encuentros con diferentes maneras de vivir. Incluso me atrevería a decir que cuesta definir una sola identidad y sistema de valores, porque con el cambio de idioma y cultura se cambia también el comportamiento. Esto puede llevar a tener varias “versiones” de uno mismo. 

 

Un poco sobre mis orígenes

Nací en Rusia, crecí en España y he vivido en países como Francia, Italia, Suiza, Estados Unidos y Costa Rica. Cada país me ha obligado a adaptarme a nuevas culturas, ritmos y formas de interpretar el mundo. Mi identidad, más que geográfica, es una red de experiencias en constante movimiento. 

Vivir entre culturas, y aquí coincido con lo que explican en los estudios sobre los TCKs (Third Culture Kids), es como convivir con icebergs culturales, lo visible de cada cultura es solo la punta. Las diferencias están en la parte invisible que se refleja en los valores y creencias que pueden influir profundamente en las relaciones. 

Estereotipos: el “pack” que llega con tu país de origen

Responder “soy rusa” suele activar los estereotipos de siempre: vodka, frío, “los rusos suenan enfadados”, la ensaladilla rusa… Cada país tiene su “pack de ideas preconcebidas” el problema está cuando seguida de tu respuesta la conversación ronda alrededor de los estereotipos. Con los años he aprendido que esos estigmas dicen muy poco de mí y mucho de cómo interpretamos la identidad ajena a través de clichés. Estas percepciones han acompañado diferentes etapas de mi vida, y me han enseñado lo complejo que es construir y explicar una identidad más allá de los estereotipos. 

 

El manual no escrito de vivir entre culturas

Aquí viene la parte divertida de la vida internacional, las anécdotas culturales y aprender las “reglas no escritas” normalmente a base de equivocarte. 

Por ejemplo, en España, organizar un cumpleaños suele implicar crear un grupo en WhatsApp (si no hay grupo, no hay evento). Independientemente de si es un cumpleaños de niños o adultos, hay muchas dudas y cuestiones sobre el tema siempre. Vienen las rondas de mensajes, reconfirmaciones, reconfirmaciones e ideas nuevas, regalos etc. Cuando te cruzas con la gente que es parte del evento que esta apunto de celebrarse, se habla de ello, en fin… la preparación previa es parte del evento en sí. 

En Suiza en cambio, la logística es mucho más minimalista. Hice una invitación, con día y hora, tuve una respuesta de confirmación y luego, silencio absoluto, nunca más se habló del tema. Por un momento pensé que quizá no vendría nadie, pero no, el día del cumpleaños se presentaron todos, puntuales como un reloj suizo. Lo bueno es que ni siquiera cuando nos cruzábamos para recoger a los niños en el colegio hablamos sobre ello. Tengo que decir que la puntualidad se la toman muy en serio. 

Y luego están los saludos, que siguen siendo mi examen sorpresa permanente. Dependiendo de con quien estoy y en qué país nos saludamos, puede ser de una forma o de otra, estas pueden ser en forma de apretón de manos, dos besos, tres besos, un abrazo y un beso o alguna combinación inesperada, como por ejemplo en Italia que dan los besos por el lado contrario de España, es decir, de derecha a izquierda y ahí te quedas haciendo la cobra hasta que finalmente aciertas.

Podría contar mil anécdotas más. Pequeños choques culturales que en su momento me descolocaron, pero que hoy cuando me pasa me lo tomo con humor. 

 

El aprendizaje de la pertenencia

Para quienes tenemos una identidad multicultural, la herencia no limita a las raíces, si no que se construye en las rutas, los cruces culturales y las memorias compartidas. Cuando me preguntan “¿de dónde eres?”, en seguida siento que me despiertan muchas emociones a la vez, curiosidad, un poco de nostalgia e incluso una sonrisa, porque sé que la respuesta nunca cabe en una sola palabra.

Más que identificarme con un lugar concreto, me reconozco en los valores y experiencias que he ido acumulando a lo largo de mi recorrido. La adaptabilidad, la empatía y la curiosidad por otras culturas definen más mi identidad que un lugar geográfico o un pasaporte. 

Una nueva manera de responder

La forma de responder “¿de dónde eres?” es también una forma de presentarse. Depende de quién pregunta y de cómo quiero situarme en ese momento. Ser de un lugar determinado, por un lado, te permite posicionarte como semejante o diferente a otros, moldeando por cómo eres percibido.  Por otro lado, la manera en la que alguien describe de dónde es, ya sea mencionando un país, una ciudad o un barrio, actúa como una auto presentación que otros pueden aceptar, cuestionar o utilizar como hilo de la conversación.  

Hoy, cuando me preguntan “¿de dónde eres?”, contesto pensando en quién me escucha y en cómo quiero situarme en ese momento. A veces respondo mencionando el lugar donde vivo actualmente, como Barcelona, otras veces voy más allá y hablo de los distintos recorridos multiculturales que he vivido, de lugares que me han formado y de experiencias que me conectan con ellos. Cada respuesta es un acto de reconexión con mi identidad y un recordatorio de que somos más que un punto en un mapa. 

Si a veces sientes que te cuesta encontrar un lugar en el país o cultura en la que vives ahora, porque sioentes qu eno encajas del todo, esa sensación de ni aquí ni allá, que es más bien en medio…

Si a veces te resulta difícil reconcetar contigo mismo/a, comprender desde donde vienen tus emociones o sentirte cómodo/a en un entorno multicultural, este es un viaje que puedes recorrer acompañado. 

Tu camino de autoconocimiento puede empezar hoy,  escribirme aquí cuando lo necesites.

 

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