Antes de empezar, quiero que sepas que este artículo no es una guía, ni desde una posición donde tenga todas las respuestas. Soy una madre que comparte mi experiencia como familia criando a nuestros hijos en varios idiomas, con dudas, aprendizajes y momentos bonitos por el camino.
Además de madre, soy psicóloga, y aunque aquí no hablo desde la teoría sino desde lo vivido en casa, mi mirada está inevitablemente travesada por ambas cosas. Cada familia es distinta y cada niño también. Esta es simplemente nuestra historia.
Cuando le cuento a la gente que crío a mis hijos en cinco idiomas, la reacción es casi siempre de admiración y suele sonar fascinante. Hasta que un día estás en la consulta del médico y tu hijo mezcla tres lenguas en una sola frase mientras tú intentas traducir mentalmente y, al mismo tiempo, parecer una madre razonablemente tranquila.
Es entonces cuando la crianza multilingüe deja de parecer idílica y se vuelve humana.
Nuestra familia habla cinco idiomas
Soy madre de dos niños pequeños, un niño de seis años y una niña de tres, y vivimos en una familia profundamente multicultural. En nuestra casa conviven de forma cotidiana cinco idiomas: alemán, ruso, inglés, español y catalán.
Mi marido y yo, no hablamos varios idiomas con nuestros hijos como un experimento educativo ni como una estrategia para crear “niños prodigio”. Lo hacemos porque es la forma más honesta que encontramos de transmitir nuestros orígenes, nuestra identidad y nuestra cultura.
Historia personal
Yo nací en Rusia, pero crecí en España con padres rusos. Desde pequeña viví entre tres idiomas y dos culturas que hoy forman parte inseparable de quién soy. Mi marido es alemán.
Cuando nos conocimos, nuestro idioma común era el inglés. No es lengua materna para ninguno de los dos, pero fue la que nos permitió comunicarnos desde el primer día. Al cabo de unos años comencé a entender una cosa muy curiosa, hablar en otro idioma en la edad adulta, de forma diaria, crea una versión ligeramente distinta de ti misma. Tu personalidad se adapta al vocabulario que tienes disponible y a la forma en que puedes expresar emociones, matices y pensamientos, especialmente en un momento de mi vida en el que yo misma ya estaba en pleno camino de autoconocimiento.
¿En qué idioma les hablamos a nuestros hijos?
Cuando decidimos tener hijos, surgió la pregunta inevitable: ¿en qué idioma les hablamos?
Nuestro idioma común (el inglés) no era materno para ninguno. Así que tomamos una decisión sencilla, en teoría, que cada uno hablaría a los niños en su lengua materna (yo decidí el ruso) y entre nosotros seguiríamos usando el inglés. Y veríamos qué pasaba.
Con los años, la situación se volvió más compleja. Se sumaron los idiomas del colegio: catalán y castellano. Yo los hablo, pero mi marido no. Y ahí empezó el verdadero reto.
La realidad diaria de criar hijos multilingües
Criar hijos multilingües suena precioso cuando lo cuentas en una cena. Pero vivirlo día a día es más desordenado, más cansado y mucho más emocional.
No tenemos un “idioma de familia”. Cada adulto habla su lengua. Los niños aprenden varios idiomas al mismo tiempo. A veces no sabes en qué idioma te están intentando decir algo. O peor: tú entiendes solo la mitad del mensaje.
Hay rabietas. Hay frustración. Hay momentos en los que tus hijos no encuentran las palabras para expresar lo que sienten. Y entonces mezclan idiomas para hacerse entender.
En estos momentos es cuando surgen las dudas de: si lo estás haciendo bien; si no les estás complicando la vida; si no sería más fácil elegir un solo idioma y se acabó el problema.
Cada hijo, su propio ritmo
Mis hijos son la mejor prueba de que no existe una sola forma “correcta” de desarrollarse en un entorno multilingüe.
Mi hijo fue un niño muy físico. No empezó a hablar hasta casi los cuatro años. Mientras tanto, destacaba en habilidades motoras: patinete, juegos de equilibrio, actividades físicas.
Mi hija, en cambio, empezó a comunicarse mucho antes. Es sociable, expresiva y habla con cualquiera, sin importar el idioma, usando las palabras que tiene para transmitir lo que necesita.
Hoy entiendo que cada niño tiene su propio ritmo.
Lo que nadie te cuenta
Nadie te dice que criar hijos en varios idiomas implica:
- Un extra de paciencia.
- Un extra de atención.
- Un extra de confianza.
Nadie te dice que, a veces, tu hijo no es capaz de contarte rápidamente lo que le ha pasado en el cole. No porque no quiera, sino porque necesita más tiempo para ordenar sus ideas y buscar las palabras adecuadas en el idioma que tú entiendas. Hay días en los que me dice: “no, no ha pasado nada”, y luego se lo cuenta a su padre, porque con él le resulta más fácil, más rápido, más natural. Y tú te quedas ahí, con esa sensación rara en el pecho.
Otras veces intenta explicármelo, pero yo no acabo de entenderlo como él quiere. Se atasca, se frustra, suspira y termina diciendo: “nada, nada… fuimos aquí e hicimos esto”, sin más detalles.
Y como madre, se activan las inseguridades de que: no pueda expresar todo lo que siente, que se quede cosas dentro o no pueda llegar a su mundo emocional cómo te gustaría.
Pero tampoco te dicen que esta experiencia te enseña cosas que ningún libro de crianza puede enseñarte.
La recompensa
La recompensa más grande, como madre, llega cuando viajamos.
Ves a tus hijos en un país nuevo, rodeados de niños que hablan otros idiomas, y no tienen ningún problema en acercarse, jugar y comunicarse. Muchas veces descubren que, por casualidad, hablan alguno de sus idiomas. Y cuando no es así, encuentran igualmente una forma de entenderse.
Usan gestos, miradas, risas, palabras sueltas… lo que haga falta.
Y lo más bonito es que no lo viven desde la inseguridad ni desde el miedo a equivocarse. No se bloquean. No se esconden. No se sienten menos.
Simplemente confían en que, de alguna manera, van a poder comunicarse.
Porque no solo están aprendiendo idiomas, sino que se enfrentan al mundo sin miedo.
Más allá de las palabras
Criar hijos en varios idiomas, vivir entre culturas y construir una vida lejos de tu país de origen no va solo de idiomas. Va de identidad, pertenencia, vínculo y de aprender a sostener muchas versiones de ti misma sin perder tu esencia.
Ser madre en un contexto multicultural remueve muchas capas internas: expectativas, miedos, culpas, dudas sobre si lo estás haciendo “bien” y una sensación constante de estar entre diferentes mundos.
Si eres madre, expatriada o parte de una familia multicultural y sientes que este camino a veces se te hace emocionalmente cuesta arriba, no tienes por qué recorrerlo sola.
Como psicóloga y como mujer que vive esta realidad en su propia piel, acompaño a madres y familias expatriadas a atravesar estos procesos con más calma, claridad y autocompasión.
Puedes escribirme aquí para agendar una primera sesión conmigo.

